Historia de las vajillas - EL CARMEN

"Oficio noble y bizarro entre ellos los del barro, ya que fue el primer alfarero y el hombre el primer cacharro"

Anonimo

Llegar al oriente antioqueño de Colombia es como enamorarse de una tradición en la que el color de la naturaleza y los pensamientos del artesano se reflejan en cada pieza de cerámica.

Con cada pincelada, llena de armoniosas formas y color que se reflejan en un bizcocho (pieza de arcilla apta para ser pintada), El Carmen de Viboral ha llevado consigo la tradición de la cerámica desde hace más de 100 años y se ha convertido en una de las fuentes de desarrollo social, cultural y económico para sus habitantes. Su producción cerámica ha sido reconocida no solo por el valor cultural de cada objeto, ya que es un producto en el que el artesano refleja a través de sus creaciones el contexto en el que vive y lo que siente, sino también porque entre los años 30 y 50 el Los carmelitanos suministraron loza utilitaria a todo el país de Colombia, convirtiéndose en uno de los pocos municipios que se dedicó a su producción.

Una tradición que crece, renace y se mantiene.

El inicio de la producción cerámica en Carmen de Viboral se remonta a 1898, la arcilla, por su abundancia, facilitó el trabajo de la cerámica y los diferentes tipos de esta materia prima provenían de La Unión, Llanogrande y Rionegro y eran transportados a la región a lomo de mula.

Cabe destacar que inicialmente la loza producida era de color blanco, pero con el paso de los años se fueron incorporando fondos o líneas tenues de color en los bordes. 1970 es el año en el que se desarrolla la decoración de las piezas de El Carmen. De esta forma, los decoradores comienzan a pintar sobre su gran lienzo: la pieza de cerámica blanca. En él se plasman todas las visiones y percepciones de su entorno mediante el pincel, destreza manual y mucho color, dando a conocer su forma de ver la naturaleza y diversidad del municipio. Es la decoración la que da identidad a estas piezas artesanales que empiezan a distinguirse como la cerámica de El Carmen de Viboral. Los aspectos emocionales, afectivos y el entorno sociocultural y cotidiano en el que se sumerge cada artesano que produce y decora objetos de barro, están ligados al origen de los mismos y esta es quizás una de las razones por las que esta profesión ha estado arraigada en el forma de vida de los carmelitanos y se ha convertido en patrimonio del municipio.

 

 

La decoración realizada para rellenar el blanco de los objetos de cerámica que se construyen con las manos, se conoce como "pintas" que poco a poco con el color y forma de las flores como hortensias, pensamientos, rosas y otros elementos que componen nuestro hermosa naturaleza, han sido considerados emblemáticos por su forma y distinción y merecen ser destacados junto a los talentosos creadores de esta tradición artesanal.

Fuente: Los cuadernos del barro, El Carmen de Viboral: el jardín llevado a la loza, 2014, Ministerio de Cultura, Fundación Tridha.